La varita de Harry Potter
escrito por Harry Reddish
(lee hasta el final si quieres ver la varita de Harry Potter)
Ahora que hemos llamado tu atención con la varita de Harry Potter, debemos confesar que se trata de un viejo truco publicitario. La intención de esta entrada no es la de mostrar el instrumento del joven mago, ni tan siquiera hacernos eco de la obra de teatro (recomendabilísima) que interpreta el actor Daniel Radcliffe en Londres (Equus, de Peter Shaffer 1973) sobre la historia de un joven que siente una fascinación patológica por los caballos y en la que aparece mostrando sus atributos, sino la de hablar del poco interés que suscita la política entre los ciudadanos. Es significativo que el único interés por visitar un blog, como éste, donde se tratan temas políticos, sea visitado por el morbo que provoca el verle la varita al chico que ha protagonizado las películas del mago creado por J.K.Rowling. Desde nuestro humilde punto de vista, consideramos que es sintomático de una sociedad más preocupada de los polvos mágicos que echa el vecino, que de los asuntos de la polis. Y quizás no sea menos sintomático del divorcio existente entre la ciudadanía y su clase política en nuestros días.Somos conscientes que desde dentro de la propia ciudadanía se articulan fórmulas de participación política al margen de la dinámica partidista. Esto es lo que se conoce con el nombre de sociedad civil y que bajo la forma de ONG's, asociaciones, sindicatos, empresas privadas y toda clase de organizaciones sociales (exceptuando, claro está, los partidos políticos), inciden de manera directa o indirecta en el funcionamiento de la sociedad y la política.
En este sentido, y asumiendo la existencia de este tipo de organizaciones, no podemos sino afirmar que no existe una despreocupación por parte de la ciudadanía en cuanto a los asuntos políticos, sino un desplazamiento en la preferencia ciudadana por esta clase de actores sociales en sustitución de aquellos actores que hasta ahora habían constituido tradicionalmente la estructura en la que se articula la acción política, esto es, los partidos políticos.Los partidos políticos son organizaciones creadas con el fin de contribuir de una forma democrática a la determinación de la política nacional y a la formación y orientación de la voluntad de los ciudadanos, así como a promover su participación en las instituciones representativas mediante la formulación de programas, la presentación y apoyo de candidatos en las correspondientes elecciones, y la realización de cualquier otra actividad necesaria para el cumplimiento de sus fines. Su principal tendencia es durar y consolidarse, y su finalidad última y legítima es obtener el poder mediante el apoyo popular manifestado en las urnas.
Es precisamente esta tendencia, la de obtener el poder, la que convierte a los partidos políticos en verdaderas maquinarias electorales cuyo único objetivo es el de obtener el poder político, sustrayéndose (en la mayoría de las ocasiones) de cualquier sesgo ideológico o defensa de los intereses ciudadanos, dueños en última instancia del poder soberano en las democracias. Tal vez esta actitud de los partidos, la que conduzca a una deformación del sistema democrático. Se trata de lo que se ha venido en denominar "partitocracia", término que se refiere al sistema de gobierno en el cual, aunque teóricamente se viva en democracia, los actores principales y únicos del panorama político son los grandes partidos políticos. Estos en función de un sistema democratico de turnismo van alternándose en el gobierno de forma consecutiva, cohartando las posibilidades de que los ciudadanos expresen su voluntad real más allá de los partidos ya existentes. Partiendo de la base de que los partidos son un mal necesario, los ciudadanos se van apartando de ellos y buscan otros cauces para intervenir, lo que lleva a la creación de los llamados "grupos de presión" o "lobbys" (parte sustancial de la denominada sociedad civil). Así pues vivimos en un gran auge de estos grupos de presión que están asumiendo funciones que les corresponde a los partidos. En el parlamento, el problema es mayor. Deja de representar a la comunidad que los votó para actuar solo en nombre del partido, pasando de esta forma a defender los intereses del partido antes que los de la sociedad, produciéndose de esta manera, el divorcio entre la sociedad y los partidos políticos antes mencionado.
Ejemplos de esto los podemos encontrar en cualquier sistema representativo parlamentario (también llamado democracia). Sin duda, lo que nos ha llevado a escribir hoy sea la situación política actual en España, que podría asemejarse a lo que con el término partitocracia se describe. Situaciones como el nuevo proceso de reforma de los Estatutos de Autonomía, en absoluto demandados desde la sociedad, son muestra del divorcio existente entre la sociedad y los partidos políticos, que han visto su confirmación en la elevada abstención registrada en el último referéndum sobre la aprobación del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Sin duda la reforma de un Estatuto de Autonomía tiene más que ver con los intereses competenciales de los organismos autonómicos que con los intereses de la sociedad. La asunción de competencias por parte de las Comunidades Autónomas reporta a estas mayores partidas presupuestarias y un mayor poder para los responsables políticos que se encargan de gestionar los servicios ofrecidos por estas entidades regionales. Lejos de debatir en torno a la conveniencia o no de las reformas estatutarias y de la ruptura, en algunos casos, del principio de solidaridad regional suponible, e incluso deseable, para un sistema cuasi-federal, el hecho de centrar el debate político en torno a estos temas y no sobre otros que preocupan más a la ciudadanía (por ejemplo el desempleo, la vivienda, la seguridad o el mantenimiento de las libertades públicas), constituye un ejemplo esclarecedor de la primacía del interés partidista sobre el interés general.
Por otro lado, a escala nacional, el debate durante esta legislatura parece haberse centrado en cuestiones de las que no dudamos su relevancia política, como es el fin de la violencia terrorista, pero que sin embargo han dejado de lado otro tipo de reformas sociales. No ignoramos los esfuerzos realizados en cuestiones como el reconocimiento del derecho al matrimonio homosexual, la ley integral en contra de la violencia de género o la llamada ley de dependencia, cuestiones que se nos antojan insuficientes habida cuenta del clima de crispación existente en nuestra clase política por cuestiones ajenas a las demandas sociales más elementales como la inseguridad laboral, el excesivo precio de la vivienda o una inflación, que a nuestro juicio y al de algunos organismos internacionales como el FMI o el Banco mundial, están condenando las posibilidades de desarrollo económico de nuestro país. Una confrontación política, en suma, que nada tiene que ver con la convivencia pacífica de los españoles y que responde únicamente a intereses partidistas.Aún a riesgo de errar en el análisis, creemos que esta ruptura entre la sociedad y la clase política se traducirá en una menor participación electoral, lo cual no implica en absoluto un abandono de la actividad política por parte de la ciudadanía. La transformación de los partidos políticos en meras maquinarias electorales, abandonando la defensa del interés ciudadano y la ideología, se traduce en la búsqueda por parte de la sociedad de nuevos cauces de participación al margen de la lucha partidista, como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto.
Como lo prometido es deuda, y para no defraudar las espectativas de quienes os habéis atrevido a llegar hasta el final, aquí tenéis la varita de Harry Potter:

PS: Para ampliar lo dicho en esta entrada recomendamos la lectura del artículo de Ottinger: La presunción democrática
5 Comentarios:
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Publicar un comentario en la entradaObtener y conservar el poder se ha convertido en la única prioridad de los partidos políticos. Estas organizaciones que en antaño servían como correa de transmisión de las necesidades de los ciudadanos con el poder en la búsqueda de una solución de las mismas. Asistiendo a un vaciamiento de programas, representatividad, ideología… para transformarse en estas máquinas de ganar elecciones a las que poco importa lo que les suceda y que se justifican con las muletillas de los “ciudadanos quieren” o los “ciudadanos exigen”. Y si la cosa se pone tensa, siempre se pueden refugiar en un sondeo o encuesta.
Dejando al márgen, mi querido mago Harry Redish, :) , que no necesitas trucos para que entre en Derrota Urgente (¿de quién?), la ciudadanía está decepcionada de los políticos; particularmente, no me siento representada por ninguno. Por lo que puedo ver, la clase política española es como un patio de vecinos mal avenidos, en el que ya ni siquiera importan las razones de las desavenencias.
Mientras a la cabecera de las encuestas sobre las cuestiones que preocupan a los ciudadanos estén inmigración y vivienda, y estos sean dos temas que los políticos (los partidos) tienden a evitar a toda costa, el descontento y desinterés del personal por la política (los partidos) está más que justificado. Yo me siento más identificada con esa masa de gente defraudada y desilusionada que decide canalizar sus preocupaciones políticas en lo que vienes a llamar "la sociedad civil". Y sin embargo, como Raquel, tampoco necesito trucos publicitarios para entrar en Derrota Urgente, aunque reconozco que me hizo reír tu trampa.
Besos.
Besos.
Tu truco es genial, pero el tema me hubiera interesado igualmente si lo hubieras colgado de otro modo, tramposo.... :)
Mira yo trabajo en una ONL, a pesar de ser economista y haber pasado cuatro años de licenciatura estudiando la maximización del beneficio, dirigo la economía de un grupo de empresas de iniciativa social, cada día batallo con los políticos y las administraciones públicas para conseguir aquello que por derecho nos corresponde. No paran de dejarnos de lado, no nos escuchan, necesitamos más recursos, sabemos cómo gestionarlos, les solventamos papeletas, y nada, nos eluden, nos evitan, es complicado, qué te voy a contar. Así que el tema como ves me exalta, ya te digo que mi confianza en los políticos como voz del pueblo, gran logro de la democracia, va decayendo, y no puedo evitarlo.
Saludos!
Mira yo trabajo en una ONL, a pesar de ser economista y haber pasado cuatro años de licenciatura estudiando la maximización del beneficio, dirigo la economía de un grupo de empresas de iniciativa social, cada día batallo con los políticos y las administraciones públicas para conseguir aquello que por derecho nos corresponde. No paran de dejarnos de lado, no nos escuchan, necesitamos más recursos, sabemos cómo gestionarlos, les solventamos papeletas, y nada, nos eluden, nos evitan, es complicado, qué te voy a contar. Así que el tema como ves me exalta, ya te digo que mi confianza en los políticos como voz del pueblo, gran logro de la democracia, va decayendo, y no puedo evitarlo.
Saludos!
Ottinger, yo aún diría más. Los partidos no sólo quieren permanecer en el poder, sino como bien demuestra la redacción de los Estatutos de Cataluña, Andalucía, Valencia (y los que nos quedan), lo que pretenden es que ese poder sea aún mayor.
Pero esto no lo arregla ni la destrucción de la clase media ni la sociedad civil -entre las que me temo también se incluye la Patronal y los dos Sindicatos amarillos esos.
Pero esto no lo arregla ni la destrucción de la clase media ni la sociedad civil -entre las que me temo también se incluye la Patronal y los dos Sindicatos amarillos esos.






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